CUMPLEAÑOS CON FINAL FELIZ. Parte 2

«Yo sí», saltó Sergio, «Con una brasileña de infarto… Una fantasía que tenía desde que me la cascaba con catorce años». «Pues esta oriental estaba para comérsela», prosiguió Marcos, el más avezado en el tema, según parecía,  «Tenía el chochito depilado y con aquellas peras podía haber amamantado a un equipo de fútbol», se explayó. Aquel fue el mejor momento de la cena, el nivel de sus bravuconadas subió y se rieron a gusto hasta que le tocó al homenajeado. «Bueno, ¿y tú qué vas a elegir? Podías hacerlo ahora y así nos reímos un poco más». A Carlos le avergonzaba un poco buscar delante de ellos, hablar del tema de forma impersonal era más fácil que exponerse abiertamente pero tanto insistieron que acabó confesando: «A mí me ponen mucho las maduras, un mujer hecha y derecha, de las que están ya curtidas y saben lo que tienen que hacer». Dieron vueltas a las páginas y encontraron muchos anuncios que encajaban con lo que Carlos quería, eligieron candidatas entre todos pero finalmente no optó por ninguna en concreto y se reservó la decisión para su casa.

Alternaron hasta tarde, vieron salir el sol y aún aguantaron un rato más apurando la última copa y la última risa. Ya era oficial, día 27 de junio, 30 años. Un treintañero. Al llegar a casa eran las siete de la mañana pasadas pero aun estando cansado no fue capaz de coger el sueño. Tras un par de tumbos sobre la cama, cogió el móvil y volvió a visitar la web de contactos. Miró con calma, notando que la proximidad de la elección le iba calentando y se encontró con Jimena. «Jimena, escort madurita (no especificaba edad), tu sueño hecho realidad. El punto justo entre la frescura de la juventud y el sabor de la madurez. Un cuerpo lleno de curvas en las que vas a perderte, pechos grandes y naturales, un culito que pide atención a gritos. Entrega, implicación y atención a todos tus deseos. Trato de novios o cañero, tú eliges. Te haré sentir tan cómodo y tan a gusto entre mis brazos y entre mis piernas que no vas a querer irte. Todos los servicios…». Para cuando acabó de leer las breves líneas de presentación ya tenía una erección monumental y cuando vio las fotos tuvo claro que Jimena sería la escogida. Unos ojazos oscuros y seductores y unos labios carnosos, cara redondita y pelo rubio oscuro, media melena. Unos pechos grandes y suculentos y unas piernas y un culo que sin duda merecían atenciones. Con la mano temblorosa por la excitación creciente, se animó a escribirle un whatsapp. Se las apañó para ir  juntando las letras con una mano y se masturbaba con la otra. Pensaba que se correría, se echaría a dormir y ya recibiría respuesta cuando fuese a lo largo del día, pero Jimena fue rápida. «Hola, cielo, ¿nos conocemos?», fue su pregunta. Pocas veces una pregunta tan simple y neutral le pareció a Carlos más excitante. Nervioso y desubicado, le contó lo que había sucedido, su cumpleaños, sus amigos, su regalo, que era la primera vez… Y lo explicó todo con una sinceridad tal que a él mismo le resultó tremendamente ingenuo. Pero en apariencia aquello le cayó en gracia a la escort, que siguió hablando con él, calentándole y explicándole todos los detalles de sus servicios durante unos minutos. Por lo visto llegaba de realizar un servicio nocturno, una noche larga, y necesitaba descansar, pero podrían verse aquel mismo día si él quería. Carlos se atrevió a preguntarle si era realmente como en las fotos o estaban trucadas o eran falsas. Jimena no contestó con palabras. En vez de eso, aprovechando su inminente paso por la ducha, fue a su habitación, se desvistió, se quitó bragas y sujetador, se sentó en la cama y apoyándose en la cabecera, con las piernas dobladas y bien abiertas y los senos reivindicándose al frente, se hizo un selfie que envió a Carlos. La foto tuvo un efecto fulminante. Carlos subió una marcha y se corrió como un adolescente a los pocos segundos, tras lo cual se propuso no volver a masturbarse en lo que quedaba de día hasta encontrarse con Jimena. Quedaron a las siete de la tarde y quería llegar con las ganas y las reservas intactas. Qué haría durante todas esas horas de antes era otra cuestión, porque lo que parecía evidente era que no se iba a dormir.

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