CUMPLEAÑOS CON FINAL FELIZ. Parte 1

Cuando tus cuatro mejores amigos te citan en un restaurante céntrico y la excusa es celebrar tu 30 cumpleaños sabes que algo va a pasar. Carlos cambiaba de década y llevaba varias semanas diciendo que no le apetecía en exceso celebrarlo como si fuera un acontecimiento. Una cena, unas copas como si fuera un sábado cualquiera y poco bombo, pero con esta gente uno nunca sabía. La idea de cambiar de decena no le ilusionaba. Claro que no eres más que un día más viejo y que toda otra consideración es absurda pero igualmente prefería que no le recordaran que el tiempo corre, tenía aún demasiadas cosas pendientes, cosas que no había hecho, planes que llevar a cabo. Y no todos eran compatibles con la inexorable madurez. «Solo tienes treinta años, eres un yogurín», le había dicho Marta, la directora de la sucursal de Caja Norte donde trabajaba. Aguardando a que el semáforo cambiara de color, se evadió pensando en Marta. Debía de rondar los 45, una madurita en todo regla. Era una mujer de buen carácter, trabajadora, disciplinada y organizada pero no especialmente sargenta. No obstante, el hecho de combinar su condición de JEFA con aquella falda por la rodilla y aquellos tacones, que retumbaban al chocar contra el suelo cada vez que cruzaba la oficina, hacía de ella un objeto de deseo y de morbo permanente. Cuántas veces se había imaginado llevándola o encontrándose con ella en el cuartito de mantenimiento y poniéndola contra la pared para penetrarla desde detrás, asido con las dos manos a aquellos magníficos pechos. Una vez, llevado por la fantasía, se la quedó mirando más rato de la cuenta completamente ido y ella le interpeló: «Carlos, ¿te pasa algo conmigo?» Qué mal lo pasó al sentirse descubierto, si es que ella notó algo. La decencia es algo que conviene aparentar mucho antes que ejercer.

Llegó al restaurante y preguntó por José, su amigo y encargado de reservar mesa. La camarera le acompañó hasta el lugar. Una chica latina muy apañada. Se planteó seriamente que estaba demasiado salido y que aquello le iba a colocar alguna vez en una situación comprometida de verdad. Debía abrir etapa de búsqueda de pareja estable ya. Eso o salir más, pero el caso era que a pesar de ser un «yogurín», la caza nocturna y sus imponderables cada vez le daban más pereza. Allí estaban los cuatro magníficos, de risas y dando cuenta ya de una botella de vino de la casa. «¿Me he perdido algo»?, les dijo repartiendo animosos achuchones. Todo fue normal, Carlos esperaba alguna trastada durante la cena pero no ocurrió nada fuera de lo previsto. Comer, beber, hablar de mujeres, de fútbol y reírse un poco los unos de los otros. Al llegar los postres, cada cual pidió lo que mejor le pareció, Carlos una copa de nata con nueces. La camarera trajo todo en dos viajes, pero en el segundo, cuando le tocó servir a Carlos, le colocó una bandejita con un sobre encima. Carlos sonrió, suspicaz, y  miró a sus amigos. «Cheque en blanco. Vale por una noche de sexo con quien tú quieras», rezaba la nota de dentro. «¿En serio?, ¿me vais a pagar una puta? No me lo puedo creer…», se desconcertó Carlos. «Es tu día», le contestó Sergio. Marcos sacó su flamante móvil nuevo y lo puso sobre la mesa. Por lo que le explicaron, habían estado investigando en la red. Querían ofrecerle un servicio de escorts de calidad, con variedad de chicas, serio y de confianza, y habían dado con la web «mundosexoanuncio.com». Había chicas de todo tipo, cualquier servicio, cualquier capricho podías encontrarlos en cualquier ciudad importante de cualquier provincia del país. «Lástima que no esté la MILF de tu oficina, Carlos», se rió Marcos.

El mismo Marcos les confesó que la tarde que estuvieron trasteando por la red hasta encontrar mundosexoanuncio se fue a casa «más caliente que el palo de un churrero» y escribió a una puta. «Escort, perdón», rectificó. «Encontré un servicio de masajistas orientales. No es que me atraigan mucho los masajes, siempre me pareció que si vas a follar lo que menos te apetece son las pamplinas, vaya, que eso del masaje es algo más íntimo, más personal, con tu novia o algo así… «, les contaba, «Pero es que aquí salen unas fotos de las chicas increíbles y cuando vi a las asiáticas se me dispararon las hormonas. Había dos que te quitaban el hipo y al final me decidí por la que parecía más aniñada, 25 años, decía que tenía la muchacha… Qué preciosidad, un cuerpecito que parecía de seda, piel blanquita y unas buenas tetas. No era de estas japonesas o chinas con las tetas pequeñas, sería de otro lugar de Asia, no sé, pero estaba bien dotada, te lo digo, y tenía los ojos menos rasgados y más labios. Una muñeca. Así que después de dudar un poco… la llamé». «Yo nunca me he ido de putas», «Ni yo», dijeron José y Luís.

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